Flor, suspiro de vida que nace en la grieta de un muro roto.
Asomas tu inocencia esclavizada por los vientos y soles de nadie.
Vibras o tiemblas? Pequeña flor blanquecina, con algunos pétalos menos bordeando el rostro indefenso,
como el de quien nace a pesar de todo.
Acaso Dios se equivocó contigo? O nos está diciendo en uno de sus tantos idiomas,
que somos una semilla más de su generoso granero.
Cuerpos dispersos por los desiertos, los valles, las montañas y almas atrapadas entre las rejas de los prejuicios,
la indiferencia, las manos del opresor, la libertad coartada.
Pequeña flor… nadie elige su cuna.
Nadie decide cuando la tormenta asomará en los silencios putrefactos de las gargantas temerosas.
Nadie detiene el tiempo, los momentos de gloria, la desdicha, la serenidad de los sepulcros, la algarabía de una sala de parto.
Flor silvestre…como un niño de la calle.
Deslucida para los ojos peregrinos. La mariposa aún no ha visto tus colores…y es aquí donde comprendo.
Voy personalmente en busca de mi alma, que seguro reposa en la dócil gota que desvanece alguna sed pasajera.
Ambas regresamos a ti, con tierra fértil, con una vasija amplia y cómoda para tus sueños de margarita extraviada. Imagino que sonríes, imagino que desconocías tu breve estadía en este mundo roto donde fuiste a caer…
Roto por el hombre, por mí, por la desidia, el orgullo, la avaricia.
Dios no se equivocó contigo…él ha sembrado tu ternura en mi jardín.

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